martes, 3 de junio de 2014

Mi Primera Vez con…

-          - ¿Quieres un poco más?
-         -  Sí, me gusta está rico.
-         -  Pero no le vayas a decir a tu papá.
La dulce Camila, asintió con la cabeza. Fue en el día de su cumpleaños número siete pero no fue exactamente dentro de esta celebración.
-          - Vas a ir al matrimonio.
-          - Sí creo. ¿Tú mamá va a ir?
-          - Sí mi mamá, mi tía, Sole también irá.
-          - De acá nos vamos todos allá.
Y cogiendo una gelatina más, Camila continuó su plática con una de sus primitas en medio de la bulla de la música y de los gritos de sus demás primitos que religiosamente acudieron a felicitarla por su cumpleaños.
Después de romper la piñata, cantar el “happy birthday” y repartir la torta, los padres de Camila la llevaron al mencionado matrimonio. Ella llevaba su vestido blanco y sus clásicas dos colitas con listones blancos.
A Camila le gustaba la idea de ir porque todos sus primitos que estaban con ella en la fiesta también irían y podrían seguir jugando hasta mucho más tarde. Al llegar estaban ahí sus primas: Perla, Sole, Fiorella y Gracia estas dos últimas eran hermanas.
Las cinco primitas se juntaron y empezaron a correr de acá para allá. De las cinco Camila era la más alta por lo que parecía una niña de mayor edad. Precisamente por eso un niño de al menos 13 años empezó a seguirla con la mirada.
Camila y Perla se quedaron solas cuando aquel niño de 13 años se les acercó.
-         -  Hola, me llamo Gustavo. Vamos a la cocina que hay jugo de fresa gratis.
-          - Vamos Cami- dijo Perla muy entusiasmada.
Dudosa, típico en ella, Camila accedió ante la insistencia de Perla.
Los tres niños llegaron corriendo a la cocina. Ahí habían varios baldes llenos del líquido rojizo que Gustavo les había prometido. Rápidamente Gustavo sacó un vaso y lo introdujo en el balde llenándolo.
-          - Toma. Acercando el vaso a Camila.
-          Ella temerosa lo miró con miedo porque como toda “niña buena” no debía recibir nada de extraños  además para ella aquel niño era un señor.
Gustavo era alto, con cabellera llena de rulos y con la cara colorada.
-          - Apúrate, toma de una vez que quiero probar – decía la avezada Perla.
-          - Ya espérate.
Sin dejar de mirar a Gustavo, Camila empezó a beber y terminó con una sonrisa de satisfacción.
-          - Ya ahora te toca a ti Perla.
-          - Ya y después a ti – le dijo Perla a Gustavo.
- Nadie en la cocina se percató de los tres niños. Ellos estaban sentaditos en una de las esquinas de la cocina junto al balde del “jugo de fresa” . Ellos hablaban de varias cosas: del colegio, de que era santo de Camila, de donde vivían y familiar de quién eran ¿del novio o la novia?
-          - De la novia- dijo Camila
-          - Sí es nuestra tía. ¿Tú debes ser del novio?
-          - Sí. ¿Y cuántos años tienes?
-          - Yo tengo ocho – dijo perla esbozando una coqueta sonrisa.
-          - Yo tengo siete – dijo Camila.
-          - Pareces de más…mmm creo que ya no deberíamos de tomar esto. Mejor me voy.
Gustavo se fue algo decepcionado con la edad de Camila y a la vez preocupado por haberles mentido con “el jugo de fresa”.  
Luego de otras seis rondas más. Camila se paró y descubrió que estaba mareada. Perla sin embargo se paró, tomó la mano de Camila y la empujó para correr hacia la fiesta. Llena de energía ambas primas corrieron como locas por todo el local. Camila se sentía mareada pero sentía mucha alegría y unas ganas desesperadas de reír.
Sus otras tres primas se percataron de ellas. Se acercaron y les reclamaron qué donde se habían metido. Sin parar de reír, Camila dijo que estaban en la cocina.
-          - ¿Qué hacían en la cocina? – Dijo Sole.
-          - Estábamos tomando jugo de fresa. Bien rico. – Dijo Perla.
Y tomando la mano de Sole la llevó corriendo a la cocina. Fiorella y Gracia también las siguieron. Camila y sus primas iniciaban así su primera “chupeta” sin saberlo. Reían, jugaban, tomaban, salían a correr un rato hasta que ¡cataplum!
Perla se cayó y esperando que se levantara a llorar se quedó tendida sobre la pista de baile. Las cuatro primas se acercaron y Perla empezó a reír. La mamá de Perla le preguntó que le pasaba, ella manifestó que se sentía mareada.
La Tía Malena miró a Camila y a las demás niñas. Todas parecían cansadas y apenas podían mantenerse de pie.
-          - ¿Ustedes también se sienten mareadas?
-          - Sí tía – dijeron en coro.
-          - ¿Qué han estado tomando?
-          - Jugo de fresa tía hay un montón en la cocina.
Y todas junto a su tía llegaron a la cocina. Señalaron el balde con el supuesto jugo. La tía Malena lo probó y dijo escandalizada.
-          - ¡Esto es licor!
Los ojos de Camila se abrieron y justo en ese momento. Salió corriendo al patio y vomitó. Su papá llegó a auxiliarla pues la niña empezó a llorar como loca. Se quejaba que le dolía la barriga y la cabeza. Su padre la consoló y sus otras primas se fueron a contarles todo a sus respectivos padres.

Ya entrada la noche la gente adulta se emocionaba bailando “El sua sua” y “El baile del perrito”, precisamente este último baile era el preferido de Camila pero ella estaba profundamente dormida sentada

en una de las sillas recostada sobre una mesa. Quizás soñando con abrir sus regalos que dejó sobre su cama pero sin duda con una nueva experiencia que contar.

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