viernes, 6 de junio de 2014

¡Cómelo duro!



-¿Cómo te gusta, aguado o que se ponga más durito?
-Bien duro por supuesto.
-¿Lo quieres ahora?
-Claro siempre me ha gustado comerlo en las mañanas.

Todos hemos tenido alguna vez un contacto, una experiencia ya sea física u oral con él. Desde que vamos al jardín de niños casi todos lo hemos llevado en la lonchera y en muchas ocasiones nos hemos olvidado de él provocando un terrible olor al sacarlo del taper.

-Mmm qué bien huele – dijo Marita al pasar cerca de Santiago, su compañero de trabajo que estaba almorzando.
-¡Ja! Qué bien huele – pensó algo malhumorado Santiago.

Ese malhumor correspondía a que había llevado de almuerzo arroz con huevo pero ni siquiera frito sino duro. Su relación con la cocina no era la más grata pero sabía que con un par de huevos duros no había pierde.

El huevo. Alimento proveniente de las aves y protegido con una cáscara tiene importantes  propiedades en la nutrición humana, sin embargo su sólo nombre ha derivado una serie de palabras que califican a una persona y sus acciones:

-La noche pasada esa “wona” no paraba de mirarme.
-¡No seas “huevón”  pues compadre!
-Déjate de “huevadas”  y trabaja.

“Wona” o “huona” o su masculino “won”, “huevón”, “huebertas”, etc. Son palabras con las que nos hemos topado y también en algún momento “alucinante” de nuestras vidas las hemos utilizado.
Recuerdo que eran las diez de la noche en la intersección de la avenida Arequipa con Risso. Estaba esperando mi combi cuando me distraje con la típica pelea de una pareja. Ella era alta, guapa, cabello  largo y castaño. Él un poco más bajo que ella, medio “apitucado”,  si existe esa palabra,  musculoso y de cara ruda.

-¿Cuántas veces tengo que decirte que no uses tacos tan altos, me jode esa “huevada” de tu parte?
-Osea que tengo que utilizar balerinas sólo porque mi novio es un chato de mierda – dijo la chica muy ofuscada.
-¿Qué demonios te pasa “wona”? Seré chato ¡pero tengo los "huevos" bien puestos carajo!

Al subir a mi combi dejé de escuchar su pleito y me senté junto a un señor  que no paraba de hablar por su celular al parecer con su hijo.

-Métele “huevos” Sergio, no te vas a dejar ganar por eso.

El “métele huevos” y “tengo los huevos bien puestos” en estos dos casos que acababa de escuchar se referían a una parte del cuerpo masculino pero dándole un significado subjetivo.
Pero volviendo al huevo como alimento, estos  siempre han sido y serán parte de nuestras vidas. A mí me gusta el huevo. Si digo esto delante de un grupo de amigos mal pensados, me dirán lo mañosa que soy. Pero fuera de sus connotaciones y si es cierto o no  que me gustan  “ambos huevos”,  quiero expresar mi fiel estima a este alimento que me ha acompañado desde que tengo uso de razón y que me seguirá acompañando pero sin yemita por favor.

:) 

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