lunes, 28 de agosto de 2017

UNA ROSA FUI


La última vez que la vi tenía los labios secos, los ojos hundidos y la redondez de su cara fue reemplazada por unos pómulos marcados que reflejaban angustia.

Ojalá le hubiera dicho algo, ojalá me hubiera preocupado realmente por ella. Mis preocupaciones triviales me convirtieron en un ser frío que ahora se descongela al saber lo que Rosa ocultaba.

Era una chica que andaba ilusionada de todo. Siempre daba vueltas por toda la tienda tarareando su canción favorita “Desesperada” de Marta Sánchez.  Nadie podía imaginar que el título de aquella canción sería la premonición de su vida días después.

En la tienda éramos cuatro chicas: Sonia, Thalía, Rosa y yo. De todas Rosa era la más joven recién había cumplido 23 años.  En su primer día de trabajo estaba muy entusiasmada con juntar dinero para poder viajar y conocer más del Perú. Quería ir a Puno.

Un día una misteriosa rosa apareció sobre el estante de la tienda con una pequeña nota que decía “Una rosa para Rosa”. Estaba enamorada. El hombre en cuestión era un misterio para nosotras. Nunca vino a buscarla al trabajo.  Sólo sabíamos que se llamaba Ernesto y tenía 30 años.

Nos pareció rarísimo que Rosa no nos cuente más de su vida amorosa con Ernesto, considerando lo habladora que era. Al poco tiempo  su actitud cambió. Se volvió  muy reservada y cada vez que hablaba por teléfono con él se iba al baño o salía a la calle para que no escucháramos.

Ninguna de nosotras se preocupó por este cambio en el humor de Rosa. Particularmente tenía muchos problemas por resolver como juntar más dinero para alquilar mi nuevo departamento, comprarme el celular de última generación que tanto anhelaba  y conquistar el amor de Diego.

Ahora todo suena tan estúpido e irrisorio. Sin embargo Rosa pudo recuperarse de su repentina depresión y su ánimo volvió.

Nuevamente empezó a tararear su canción favorita y a los pocos meses nos presentó a su nuevo novio. Se fue con él a Puno y se tomaron muchas fotos en el Lago Titicaca. Al menos eso intenté imaginar cuando unos días después  de su extraña desaparición, encontré en su casillero un sobre con una breve nota junto a una rosa marchita.

“Ernesto hoy perderé a nuestro bebé. Ahora podrás ser feliz con tu esposa. Te devuelvo tu rosa tu devuélveme a la Rosa que un día fui”.


Aquella nota no enviada fue lo último que supimos de ella. Su familia aún continúa buscándola.

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